EXPERIMENTOS CON GALLETAS

Al final los experimentos para ver si se puede utilizar una galleta (de verdad) para confeccionar un collar están siendo de lo más interesantes. Habíamos dejado a nuestra galleta un poco combada si recordáis:

Esto lo solucionamos poniendo encima un peso durante algúnas horas.

Después pusimos la galleta a secarse a la sombra durante algunos días, pensando que con el paso del tiempo iría perdiendo el agua y tomando mayor consistencia. Pero no fue así. Misteriosamente la galleta se adaptó a un estado permanente de … ¿cómo llamarlo? Bueno, que estaba fofa. No completamente fofa, pues mantenía la forma, ni tampoco completamente rígida y sólida. Si la apretabas con un dedo, por ejemplo, se notaba mullida y, aunque no se deformaba completamente, daba la impresión de que no soportaría una compresión mayor.

Decidimos entonces someterla a un secado un poco más agresivo:

¡Al microondas! Un minuto en modo descongelar. Al sacarla la galleta estaba … ¡Totalmente reblandecida! ¡Qué sorpresa! La descartamos un poco desanimados, pero un par de horas después le echamos un decepcionado vistazo para corroborar ¡Que se había endurecido y tenía una consistencia perfecta para nuestras expectativas! Pensamos que habíamos encontrado la solución y la dejamos tranquilamente para continuar con el proceso otro día.

Al día siguiente, sin embargo, el problema se repetía: volvía a estar fofa. ¡Hay que ver que latosa! Le dimos muchas vueltas a este inesperado comportamiento. Nuestra conclusión es que al salir del microondas la cola que recubre la galleta, al calentarse, deja de tener su propiedad aglutinadora por lo cual la galleta se ablanda, pero luego queda completamente sólida al enfriarse la cola y haber perdido todo rastro de humedad. Sin embargo, como la galleta no está sellada (tendríamos que haberla barnizado para eso), al dejarla al aire la humedad de éste se introduce en la galleta dándole esa consistencia que hemos llamado “fofa”. La solución pues, es barnizarla inmediatamente después de haberla introducido en el microondas.

Otro aspecto que hubo que cambiar es el tamaño del agujero, que agrandamos con un lápiz:

encolando después los bordes del orificio:

Hubo que esperar de nuevo a que se secase y esta vez decidimos introducirla en el microondas para ir más rápido. Al sacarla, todo el proceso de reblandecimiento se repitió pero ya sabíamos que era cuestión de paciencia obtener el resultado esperado. Sin embargo, después de un par de estancias en el microondas y sus enfriamientos posteriores resultó que la cola era cada vez más visible, afeando bastante el aspecto de la galleta.

Fianalmente, decidimos llevar a cabo un procedimiento extremo: más potencia en el microondas y más tiempo, tres minutos. Esto fue lo que pasó:

¡Papá!, ¡Papá!, ¡Huele a quemado en la cocina! En fin, seguiremos intentándolo con otra galleta y con todo el conocimiento acumulado. ¡Chao!

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