µTORRENT, EL BARRIO QUE QUEREMOS Y EL SEXO TÁNTRICO

Esta mañana en la radio hablaban del pequeño comercio. Se trataba de una entrevista a varios comerciantes de barrio, de los de toda la vida. Uno de ellos, creo que era de Granada, no recuerdo bien, tenía un videoclub. (!). En un momento dado, un oyente llamó para defender a los videoclubs. Explicó que le encantaba ir al videoclub para ver las carátulas, hablar con el comerciante, escuchar sus recomendaciones, y, en resumen, respirar un poco el aire de aquel lugar …

Otros oyentes y los invitados que eran dueños de pequeños comercios, defendían además que al comprar en pequeños comercios se construye el barrio donde uno vive. Los  pequeños comercios dan vida a un lugar, eso es cierto … Ahora que muchos están cerrando, parece que los sitios están muertos, mustios como una lechuga en el desierto.

Personalmente, recuerdo la experiencia de ir al videoclub como algo absolutamente mágico. Iba siempre los sábados por la tarde. Primero pasaba por el videoclub, Chaplin se llamaba, y luego iba a comprar un par de perritos a la tienda de al lado, en el centro comercial Yumbo, uno de esos centros comerciales de barrio, pequeñito, de apenas dos plantas, sin escaleras mecánicas, ni Zaras, ni Mangos ni cosas de esas, y donde en vez de chicas con salones relucientes con suelas de colores y con peep toes (o como se diga esto) vestidas todas iguales con vaqueros apretados, lo normal era encontrarse a señoras en chándal. En el videoclub Chaplin podía pasarme un buen rato mirando las estanterías. No sé qué tanto miraba, si eran siempre las mismas películas … Pero sí, sí, es verdad, no se trataba de elegir la película, era más bien como si la película te eligiera a ti. A veces el silencio era sepulcral allí dentro, y el olor era especial … todo aquello le daba al sitio un aire de iglesia, un no sé qué místico y especial. Al final me llevaba una peli, dos como mucho, y cuando llegaba a casa me  sentaba a disfrutarla mientras me comía el perrito … Las películas eran casi siempre un dolor, pero daba igual, la película era sólo una parte de la experiencia …

El domingo me descargué cinco películas con el µtorrent. A las siete de la tarde me puse una. Me quedé frito en menos de cinco minutos. No creo que vea esas películas, lo hice por pura glotonería, bula de la era digital …

la foto(1)

Francamente, lo he estado pensando y creo que es un error descargar películas por internet … Cuando tenemos acceso a todas esas películas … no sé, es como si perdieran el valor. La mayoría de las veces las bajo para nada, sólo para tenerlas. Pero antes, en la era de los videoclubs, ver una película en casa era toda una experiencia … y si uno lo piensa bien, el que decide qué dimensión le da a un acontecimiento es uno mismo. Si yo mismo me veto la descarga de películas por internet, entonces cuando tenga ganas de ver una peli tendré que ir al videoclub, o sacarla de la biblioteca con antelación … ver una película no será como una … qué podría decir … como una masturbación, una de esas que surgen sólo por puro aburrimiento y que son una mediocridad. No. Si me obligo a ir a buscar la película, a deambular por los pasillos del videoclub, a conectar con mi estado de ánimo para elegir bien … entonces eso se asemejaría al sexo tántrico.

No sé si me explico …

PD: Que conste que lo de poner a Santa Teresa relacionada con el sexo tántrico no ha sido adrede. Sólo he puesto “cara de éxtasis” en el buscador de imágenes de Google y me ha salido eso. Casualidad nada más.

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