RECONÓCEME

Esta mañana he metido la pata. Las consecuencias no han sido terribles, pero se me ha quedado una sensación tormentosa dentro. Me ocurre con frecuencia. Me esfuerzo mucho, pongo toda la carne en el asador y, cuando las cosas no salen como a mi me gustarían, me siento fatal. Como todo el mundo, supongo.

Pero hoy, este nuevo fracaso me ha hecho pensar mucho … ¿qué demonios esperaba, por qué la sensación de pérdida es tan enorme? (Teniendo en cuenta que no ha sucedido nada grave, una de tantas situaciones en las que te pueden salir las cosas bien o mal y, en este caso, han salido mal …) Entonces me he dado cuenta de que mi expectativa era muy grande, había puesto una gran cantidad de material emocional en el asunto …

en un momento dado me he visualizado a mí mismo compartiendo mi éxito con mi esposa … Espera, espera, eso es … compartiendo. Yo compartiendo con alguien mi éxito, y ese alguien devolviéndome a mí el éxito que me pertenece. “Cómo te admiro”, “Eres el mejor”, “Estoy orgulloso de ti”.

Dios mío ya estoy muy viejo para esto. Después de tantos años, y aquí estoy yo, operando en la vida en función del reconocimiento ajeno. Qué desastre. Porque, si me paro a pensar, esto que hoy a salido a la luz no es nuevo. Me ha acompañado desde … Pos desde siempre, si lo pienso bien. De pequeño quería ser delantero centro del Real Madrid. Mi padre, que por aquel entonces entrenaba a los benjamines del Club Deportivo Tenerife, me ponía a jugar con ellos. No creo que exista una palabra que pueda ni siquiera acercarse a la magnitud de la decepción que mi torpeza le ocasionaba al pobre. Luego, algo más crecido yo, quiso entrenarme para que jugara al tenis. Dejémoslo en que no se me daba bien para no ahondar en la herida. Aún hoy, a veces sueño que marco un gol en el último minuto de la final de Copa, el gol decisivo, y el estadio me aclama y yo corro a abrazarme con mi padre, que me contempla con lágrimas en los ojos y me abraza, orgulloso de mi.

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Ay! Orgulloso de mí. Estas palabras son como el yugo que le ponen a los bueyes. Porque todos queremos que nos reconozcan. Pero … ¿qué es reconocer, qué significa en realidad?

Reconocer significa conocer dos veces, o mejor aún, conocer de nuevo, volver a conocer. En el caso de otorgar a alguien nuestro reconocimiento ante una acción concreta, lo que queremos decir es que dicha acción ha puesto de manifiesto lo que esa persona es, lo ha sacado a la luz y entonces yo me he dado cuenta. Por tanto, eso que la persona ha hecho me ha permitido no sólo conocerla, sino reconocerla, rememorar lo que ya sabía sobre ella, y devolverle la constatación de que la conozco bien.

Sin embargo, en general cuando esperamos que la gente nos reconozca, como yo esta mañana, no esperamos que demuestre que nos conoce bien. Más bien al contrario. Lo que esperamos es que “dibuje” una imagen de nosotros mismos que nos permita reconocernos y, no faltaba más, reconocernos como bellos, buenos, nobles, fuertes … ya sabéis. Es decir, cuando esperamos que nos reconozcan no tenemos ninguna intención de conocernos a nosotros mismos, incluso podríamos decir que el hecho de esperar ese reconocimiento es una señal de que no nos interesa conocernos a nosotros mismos … más bien nos interesa esperar a que alguien nos otorgue una imagen bella de nosotros mismos para entonces incorporarla a un fichero que llamamos YO. Si la imagen es mala, entonces la descartamos inmediatamente.

Esta forma de actuar y de ser no tendría nada de malo de no ser porque da lugar a un comportamiento en que termino por desenvolverme en la vida como a la caza de nuevas imágenes bellas para mi carpeta YO, pero sin interés alguno por saber en realidad cómo soy yo. Es decir, que el reconocimiento es, de algún modo, lo contrario del conocimiento. Por eso digo que ya estoy muy viejo para esto, porque hago cosas para que los demás me vean guay y eso me impide conocerme y me impide, por tanto, fortalecerme día tras día … Es decir, me impide crecer. Al fin y al cabo, ¿De qué sino de crecer y fortalecerse se trata la vida?, ¿De qué sino de conocerse a uno mismo y sacar un partido de esa naturaleza propia que lo hace a uno especial y diferente? Y cada vez que busco con la ansiedad de un niño pequeño que alguna otra persona me reconozca, me estoy desviando del camino que me hace fuerte, pues estoy, de algún modo, cediendo a los otros la responsabilidad de establecer cómo soy yo, cuál es mi naturaleza … Es más, me estoy incapacitando para conocer mi naturaleza, puesto que estoy dejando que sean los otros los que me definan y den forma, muchas veces (si no todas) en función de intereses personales que me hacen objeto de manipulaciones diversas.

La próxima vez que me de cuenta de que estoy haciendo las cosas para que otro me reconozca, voy a pensármelo muy, muy, mucho, y es muy probable que aborte lo que quiera que fuera a poner en práctica, porque he de entender que son precisamente las acciones que no suelen aparejar reconocimiento las que me hacen más fuerte y dispuesto para la tarea de vivir, mientras que esas otras, más espectaculares y luminosas, que sí son motivo de reconocimiento, suelen ser tan solamente una fanfarronada que únicamente aportan eso … más brillo.

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