LA TORTUGA

LA TORTUGA

Para Jota

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Ojo en el ojo puesto, sentado sobre la piedra, en derredor de su pie bien pudiera crecer la hiedra. Erguido todo él como un junco de brillante verdor, mudos son los hermanos a su alrededor. Mira a uno y a otro, analiza, repiensa, no aparta la mirada, de mácula tan densa, y es su juicio sombrío una callada hoz y, tras tanta afonía, es un trueno su voz: ¿Quién traerá alimento, quién, a este valle tomado por un cruel estío? ¿Quién llevará en sus fauces la hierba fresca, la vid regada de rocío, quién tiene en su pecho no pavor, sí bravura? ¿Quién ha de entregarse superando su miedo, saltando por sobre de su altura? ¿Serás tú, Perro, que en la noche curada rasgar puedes el manto de la esfera estrellada con tu inmenso gañido? Sí, padre. ¿Serás tú, Gata parda, que en honores sin treta con tu lomo de junco sobre el aire caminas en absurda pirueta y es tu audacia bramido? Sí, padre. ¿Serás tú, Liebre, que en figura de sombra que confunde y enreda al que mira embelesa mientras hace vereda y no presta al que sueña su mano ni su oído? Sí, padre. ¿Serás tú …? Mirada larga, y trago amargo, flota y se espesa un ambiente huraño … y largo cuello en expectativa que llena tiempos sobre los años, más escuchar del juez quisiera tal vez cariño, palmada nueva cual nuevo guiño … más nada halla …

Procura no molestar a tus hermanos, Tortuga. Sí, padre, dice, y el pensamiento que al aire sube al timón vuela en gloriosa hazaña misteriosa de nube, y en vuelo es sueño, y en sueño anhelo, y en anhelo deseo, y en deseo fracaso su partir abrumado sobre las dunas en la hora pesarosa del ocaso. Si el silencio ahogara ese momento terrible no sería tan hondo su penar intangible, mas la risa es aliño de su profundo dolor, carcajada grotesca, más que risa es horror. Ay Tortuga, Tortuga … ahogada en un mar de arena, tus hermanos se ríen de tu torpe trotar. ¡Qué trotar!, arrastrase, retorcerse, avanzar como un año es a un mes, como un mes a una semana, como una semana a un día, como al éxito es su esperanza vacía, tan hueca como vana … ¡Corre Tortuga, corre! – Dice el perro, su hermano, con la lengua colgando cual si fuera en un plano, y brinca el perro, y corre, y aúlla el perro, y corre, y ladra el perro, y corre, y tras él corre el viento, ¡alcanzarlo no puede y se vuelve a una torre! Resuena en el caparazón un hondo suspirar: ¡Ay Dios mio!, ¡Dios mío!, ¿Por qué hiciste mis patas que no saben andar?, ¿Por qué no como al perro me armaste en tu taller, para darme el regalo tan dulce del correr? ¡Corre Tortuga, vamos!, ¡Date prisa! – Bufa la gata parda, su hermana, y; altiva la cabeza en retumbante mohín de desgana, la mirada furtiva y las pestañas caídas cual sobre el jardín cuelga el oloroso jazmín, su sonrosado morro arruga en taciturna reprimenda sutil. Y otro suspiro triste que en su pecho no cabe:¡Ay Dios mio!, ¡Dios mío!, ¿Por qué hiciste mi cuerpo que caminar no sabe?, ¿Por qué no como al gato me armaste en tu taller, para darme el regalo tan dulce del correr? ¡Venga Tortuga, venga, que te quedas atrás! – Dice la liebre, su hermana, apartando de sus ojos las orejas saltonas con jolgorio y jarana, y su pata rosada sobre Tortuga posa en su caparazón que pesa cual si fuera de hierro, cual si fuera de losa … Nuevamente suspira, ¡Tortuga inconsolable!, los sudores resbalan por su cara de alambre: ¡Ay Dios mio!, ¡Dios mío!, ¿Por qué hiciste mis patas que de andar tienen hambre?, ¿Por qué no cual la liebre me armaste en tu taller, para darme el regalo tan dulce del correr?

Perro, Gata, aún la Liebre, sólo son sombras ya, casi no se las ve … ¡tan lejos están!, allá, allá … cual vapor es su imagen al filo de esa línea que horizonte Tortuga ha escuchado llamar. Sola está la Tortuga, sola su peso muerto … solas sus patas, sola tristeza sola que es un viejo penar. ¡Ay Dios malo, ay mi Dios! Cómo puedo quererte en tu casa de acierto, si me has hecho Tortuga de feroz desconcierto … Ay Dios mio, ay Dios bueno, que ni aún tú me querrás, pues ni rezarte puedo porque no puedo más. Ay Dios mio, Dios ¿Has muerto?, empujarme debieras por un desfiladero ¡pero no lo hay aquí, Oh desgracia funesta! ¡Oh!, ¡Qué feliz fuera de haberlo!, ¡que lisonjero! Mas ni caída, ni grieta, ni precipicio, ni hoyo, ni agujero, ni surco, ni vacío, ni vano hay por el que despeñar, ¡Morir es mi deseo!, ¡Envíame a la muerte que ese es mi soñar!, ¡Para nada te sirvo, no soy mas que un estorbo, una ruina fatal … Lo mejor fuera ahora escribir mi final … ¿Quién sabe las razones de Dios?, acaso sólo Él sabe, lo cierto es que pasaron los días, y las noches, y el viento como un manto sobre su ánimo incierto y, como es su costumbre, no por muy esperada, la muerte tan llamada una vez fue invitada decidió declinar. Qué chistosa, qué gran humorista es, qué dichoso el capricho de esa loca de atar …

Así hiciéronse las patas de la Tortuga herida, pues daño era lo único en su piel malherida, se volvieron de piedra sus labios de Tortuga, y en su cara no hubo otra cosa que arruga y marca del esfuerzo por no desesperar. Sí. De este mundo borrado en bulla del callar, esfumado en vapores de su triste vagar, un día fue su espíritu, sin alivio ni asiento, y no quedó más fuerza, ni recuerdo, ni angustia, ni memoria, ni oprobio, ni suspiro, ni aliento … ¡Ay Dios mio!, ¡Dios mío!, llévame en un frescor, acaba con mi pena y con este fragor. Si utilizar pudieras mi cuerpo de desecho no te pidiera nunca mi final cual derecho, pero sabes que nada de mí podrás sacar pues ni al perro, ni al gato yo me puedo igualar, ni a la liebre o la rata, ni al más triste mosquito ni al gusano, al tritón o a otro anfibio cualquiera de color exquisito … ¡Pobre Tortuga! Exigua por tu párpado reseco resbaló una lágrima en caída hacia un fin que no halló pues, antes de hundirse en el arenoso suelo, el fuego que no cesa, en vapor, la izó al cielo. ¡Ay Tortuga! No cierres tus ojitos ni al desánimo llames, que tras lágrima y llanto no siempre que haber tendrá quebranto, y escucha, tonta, escucha, esa música hermosa que no podrás callar, ni opacar, ni esconder, ni apagar, ni aplacar, y mira, tonta, mira un distinto horizonte, tu cabeza cual quilla como la de Caronte … No la bruma gris de ayer y de anteayer, no el tormento de un día y de otro y otro más ¡qué huraño y lastimoso ha sido su caer!, no el brillo vaporoso sobre el confín del mundo, no el halo misterioso, silencioso y profundo … ¡No! Un fulgor en cambio, un destello, un vuelo de gaviotas y ese maravilloso olor, sobre de tu cabeza es el aire salobre, y brisa hay, y viento, y un resplandor de cobre, y hay un golpe de alivio en el calor, y hay un vuelo, ¡sí es cierto! del sopor … en fin Tortuga … ¡El mar!

Aligerar quiso Tortuga su paso exhausto, más tan cansado era que no pudo volverlo ni ligero ni fausto. Llegó sin embargo, y llegó como pudo, y llegando no acertó a contener su asombro mudo. Al perro vio, mojado lo vio, tiritando lo vio, empapado lo vio … un fracaso vio. Y a la gata vio, mojada la vio, tiritando la vio, empapada la vio… un fracaso vio. Y a la liebre vio, mojada la vio, tiritando la vio, empapada la vio … un fracaso vio … Tanta fue su sorpresa y tanta su costumbre de andar fue que ni a saludarlos se detuvo el pie mientras, girando la cabeza para mejor mirar, sin darse cuenta y sin pedir permiso, entero al cuerpo, el pie, arrastró hacia el agua de improviso. ¡El agua! Un susto primero, un susto chiquito que aunque susto fue también fue muy fresquito, y luego deshacerse y hacerse el suelo parecía bajo el torturado pie curado de alegría! Y aconteció también un alzarse y un bajarse, en súbito y feliz, grandioso navegar hasta el hartarse y, de pronto, nadando estaba, ¡Tortuga dichosa! ¡Ay! ¡Y nadando era ella hermosa, sin pena, sin aflicción … nadando era la viva imagen de una diosa! Ola arriba, ola abajo, risas van, risas vienen, tortuga feliz, fresco vientre volando sobre el azul, inmenso tamiz, patas buceadoras que surcos, como quillas, abren en la mar en brillo y maravilla … ¡Tortuga de asombro! Quién decir hubiera que surcar la mar ahora pudiera con tanto esplendor, Tortuga extasiada morirse quisiera en este fulgor. Perro, mira, Perro – dice la Tortuga – mira. Mira Gata, mira, Liebre, todos, venid, venid conmigo, tenéis que abandonar esos lodos … ¿Probar? Prueba tú Tortuga que de tanto probar mucho es ya el empacho … mejor fuera, pensamos, volvernos ahora y dejarle a otro este zafio despacho … Mas no escucha Tortuga, nada escucha, la música del mar es ya su única lucha, salado es ahora el singular sabor, salado de la mar, no ya de su sudor. Tortuga enfebrecida, Tortuga agradecida, Tortuga que no cabe en sí de gozo, Tortuga que al fin ve la luz fuera del pozo. Tortuga navegando es tortuga feliz, y en su dicha recuerda tiempos de otro cariz, y humilde, el animal, rezando da las gracias a quien trató tan mal: ¡Ay Dios mío!, ¡Ay Dios loco! Soy vergüenza y rubor bajo del foco, perdón quiero pedirte por todo mi dudar, mecerme ahora ya puedo sobre la dulce mar, ¡y darte muchas gracias, gracias por ser Tortuga, en esta hora en que alumbras mi corazón en fuga!

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